Poema A1... Sobre el amante y el errante
Es incapaz el alma errante
De sentir las desventuras del amante atado,
Del que vive a merced del amor subyugado,
Del que mira con recelo la libertad menguante.
Pero es más incapaz esa alma
Que alberga al mundo en su espalda,
Conocer las mieles de la comunión espiritual,
El aletargamiento del deleite conyugal,
De la cama caliente cuando anochece,
Del abrazo que consuela cuando se fracasa.
Y, entonces, ¿quien desdeña lo que tiene
Y ansia lo que le falta?
Y, en más triste circunstancia,
¿Quién obvia lo que tiene en frente
Y para lo que no existe la mano alarga?
¿Cuál es la diferencia entre el errante y el inmóvil amante?
¿Qué separa las proximidades de la lejanía
En la continua emoción de lo desconocido?
No hay alma humana, nómada o domada,
Que haya deseado atravesar las distancias,
En rumbo certero de un destino incierto,
Porque el que denigra su existencia como vana,
Seguro no encontrará en otra lo que ansia,
Y regresará a su universo teñido de malvas
Sin que su lecho sepa de su partida.
Entonces, ¿Cuántas noches, en audaz vuelo,
El errante tratara de ser atado a un nuevo suelo?
Y, ¿Cuántos días, en intrépida y valerosa osadía,
El dominado amante agitará sus alas
Para al fin alcanzar la libertada perdida?
Mientras todos luchan por liberarse de lo que son
Mientras ellos se ven cada vez más distantes
Mientras viven implorando por sus pecados perdón
Y reviven día a día un drama gris interior
Yo vivo en mi mundo, atado y sometido al amor
De quien un día me convirtió en errante.




